14-02-2018
Miércoles de Ceniza; Inicio de la Cuaresma
La Cuaresma es un tiempo propicio para la conversión; nos invita a la práctica de la oración, la limosna y el ayuno.

Oración: El hecho de dedicar más tiempo a la oración hace que nuestro corazón descubra todo lo que nos aleja de Dios, para buscar finalmente su consuelo. Él es nuestro Padre y desea para nosotros la vida.

Limosna: El ejercicio de la limosna nos libera de la avidez y nos ayuda a descubrir que el otro es mi hermano: nunca lo que tengo es sólo mío. Cuánto desearía que la limosna se convirtiera para todos en un auténtico estilo de vida. Al igual que, como cristianos, me gustaría que siguiésemos el ejemplo de los Apóstoles y viésemos la posibilidad de compartir nuestros bienes con los demás, un testimonio concreto de la comunión que vivimos en la Iglesia.

Ayuno: El ayuno, debilita nuestra violencia, nos desarma, y constituye una importante ocasión para crecer. Por una parte, nos permite experimentar lo que sienten aquellos que carecen de lo indispensable y conocen el aguijón del hambre; por otra, expresa la condición de nuestro espíritu, hambriento de bondad y sediento de la vida de Dios. El ayuno nos despierta, nos hace estar más atentos a Dios y al prójimo, inflama nuestra voluntad de obedecer a Dios, que es el único que sacia nuestra hambre. (Del mensaje del Papa para la Cuaresma)
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