Nace Isabel el 30 de noviembre de 1834 en la localidad barcelonesa de La Geltrú y fue bautizada el mismo día en la Iglesia parroquial de Santa María de la Geltrú. Hija de Cristóbal Ventosa y Eulalia Roig, fue la tercera de 7 hermanos.

En 1856, a los 21 años, Isabel siente la llamada de Dios y decide ingresar en la comunidad de Señoras Darderas de Barcelona. Una vez dentro de la comunidad, se da cuenta de que no eran congregación religiosa. Es así como piensa abandonarla, no sin antes consultar al director espiritual y confesor de la comunidad, P. Manuel Cavaller, sj., el cual le hace ver que no es esa la voluntad de Dios, sino que permanezca en la comunidad, aunque para ello fuera necesario ofrecer a Dios su sacrificio personal.

Isabel vive su vocación en el seno de esa comunidad, cumpliendo la primera obligación o “devoción” de las Darderas: ver a Cristo en el enfermo, cuidarlo y atenderlo espiritual y corporalmente, ya que el enfermo es la misma persona de Cristo. Isabel hace vida en ella la donación que las Darderas hacen de sí mismas: Entregarse al Señor y a su Santísima Madre al servicio de los enfermos.

En 1876, Isabel es nombrada superiora de las Darderas y es así como la comunidad inicia una nueva andadura. A M. Isabel se le debe una mayor amplitud en el campo de apostolado: asistencia a enfermos en casas particulares, planchador eclesiástico, formación de jóvenes en la práctica de planchado y labores.

Gracias al empeño de M. Isabel, volcada en cuerpo y alma a la búsqueda de la santidad para sus hijas, se va consolidando en la comunidad un estilo peculiar de vivir el evangelio, el cual, según el deseo de M. Isabel y de las hermanas, debía quedar plasmado en unas constituciones que las constituyera como congregación religiosa. Para tal fin, se encontró un apoyo importante en el Dr. Antonio Riu, director espiritual de la comunidad y la posterior participación decisiva para la redacción de las Constituciones, del Dr. Salvador Casañas, entonces obispo de Urgel y más tarde Cardenal de Barcelona. Durante el tiempo que duró su elaboración, M. Isabel no descansó en su deseo de verlas terminadas, aún a costa de la tuberculosis que comenzaba a aquejarla. A su muerte, ocurrida el día 2 de abril de 1895, las constituciones estaban elaboradas.

Un año después, el 11 de abril de 1896, las constituciones obtienen la aprobación diocesana por parte del obispo de Barcelona, Dr. Jaume Catalá i Albosa. M. Isabel no pudo ver en vida los frutos de su trabajo, pero desde el cielo contempla los primeros brotes de las semillas que con tanto amor dejó plantadas en vida.

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